
Liu Zi Jue | Los Seis Sonidos Curativos: el Universo vibra.
El Universo, y todo lo que contiene, son formas o estados de vibración. Así, los órganos sanos en el cuerpo humano también vibran en una determinada frecuencia.
Desde tiempos inmemoriales, el sonido ha servido al hombre como vía de comunicación con la naturaleza, con sus congéneres, así como para expresar estados emocionales.
Muchas culturas de la antigüedad se refieren al sonido como origen del propio universo.

Por ejemplo, en la mitología hindú, el sonido primario que habría nacido del primer destello cósmico, generando el mundo visible e invisible, era «aum», cuya fonética es «om», mencionado frecuentemente cuando se habla de meditación. Según esta corriente de pensamiento, esta onda sonora aún recorre el universo manteniendo el orden de todo lo existente.
Igualmente, en el antiguo Egipto, el dios central era Atum: el «dios sol cantante que existe por sí mismo». El mundo material habría surgido a partir de su grito de luz primigenio.
Desde la antigüedad más remota, las danzas de los chamanes, brujos y sanadores, siempre se mantuvieron asociadas a la práctica de sonidos rítmicos y a cánticos repetitivos destinados a la curación y a la comunicación con los antepasados y con el Universo.
En la antigüedad, también se descubrió que la expresión natural e instintiva de determinados sonidos ayudaba a incrementar la fuerza muscular ante determinadas situaciones de esfuerzo, o a incrementar la concentración mental, enfoques estos profusamente desarrollados en la práctica de las artes marciales de todo origen.
El origen de las diferentes formas de respirar emitiendo sonidos derivó, potencialmente, de la relación establecida entre los diferentes sonidos producidos por el ser humano, de forma natural y espontánea, ante diferentes estímulos externos o internos, entre los que se encontrarían los diferentes sentimientos, sensaciones o estados emocionales negativos o positivos (enfermedad, dolor, angustia, preocupación, alegría, excitación, etc.), o las reacciones del cuerpo ante la influencia de noxas climáticas como el frío o el calor y las distintas formas instintivas de respirar y de emitir sonidos para mitigar los efectos de estos estímulos (jadear, soplar, gemir, aspirar, suspirar, etc.).
Los maestros de las escuelas Daoyin más antiguas, entre las que se encuentra la Escuela Taoísta de la Montaña E-Mei, con más de 800 años de antigüedad y 36 formas diferentes de respiración emitiendo sonidos, hallaron en sus meditaciones seis formas esenciales de pronunciación-resonancia en combinación con la respiración, que eran las frecuencias que estaban en afinidad con los órganos internos (sanos) del ser humano.
Así, al practicar ciertos sonidos, lograban mantener los órganos equilibrados y libres de estrés, logrando de igual forma la posibilidad de prevenir y de sanar sus enfermedades.
La continua observación, la práctica y las meditaciones, dieron como resultado tanto los diferentes sonidos como aquellos movimientos más afines para acompañarlos para estimular la energía de los diferentes órganos.
Los seres humanos nacemos y vivimos en un entorno de sonoridad. Desde el latir del corazón materno que nos transmite seguridad y tranquilidad antes del nacimiento, hasta los sonidos de nuestra vida y entorno que nos proporcionan todo tipo de información y estímulos en ondas sonoras.

Sonidos como el viento, la lluvia, el trueno, la brisa en los árboles, el oleaje del mar, el murmullo del agua fluyendo en un arrollo, el sonido interior mientras meditamos, la palabra por la que el hombre transmite conocimientos, sentimientos, el gemido de lamentación o el lloro de un niño, el ruido estruendoso, etc. condicionan mental y físicamente al ser humano, obteniendo de éste estados tanto de relajación y de armonía vital, como de excitación, estrés y también enfermedad.
Los efectos terapéuticos o perniciosos que produce el sonido, dependen, básicamente, de factores como la frecuencia (sonido agudo o grave), la intensidad o volumen (sonido fuerte o débil), el intervalo o armonía, la duración, el timbre, etc.
El ruido o contaminación acústica es un sonido o vibración indeseable que interacciona e interfiere con el ser humano, produciendo sensaciones molestas y desagradables que pueden llegar a afectar su salud. Cuando se utiliza la expresión ruido como sinónimo de contaminación acústica, se está haciendo referencia a un sonido con una intensidad o suma alta de intensidades, el cual puede incluso resultar perjudicial para la salud humana, produciendo trastornos y enfermedades tanto fisiológicas (pérdida parcial o total de la audición, alteraciones en los órganos, músculos y huesos, trastornos psíquicos como estrés, agresividad, alteraciones del sueño, disminución de la atención, depresión, falta de rendimiento, etc.), como sociológicas de tipo alteraciones en la comunicación o patológicas como las alteraciones en el metabolismo.
Vemos entonces como el sonido es una forma de energía que participa de manera activa en el desarrollo y evolución, y también en la enfermedad o salud de la persona, siendo un componente inmutable e inherente del ser humano de lo que los sabios antiguos dedujeron sería también posible ser utilizado como reparador de su salud física, mental, energética y espiritual.

